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Ensemble de documents proposés par Rolande Rey
Chan Chan (son)
De Alto Cedro voy para Marcané
Llego a Cueto voy para Mayarí. sirenas.El cariño que te tengo
No te lo puedo negar
Se me sale la babita
Yo no lo puedo evitar.Cuando Juanica y Chan Chan
En el mar cernían arena
Cómo sacudía el jibe
A Chan Chan le daba pena.
Limpia el camino de paja
Que yo me quiero sentar
En aquel tronco que veo
Y así no puedo llegar.De Alto Cedro voy para Marcané
Llego a Cueto voy para Mayarí.Franciso Repilado,
"Compay Segundo".
El cuarto de Tula (son)
En el barrio La Cachimba se ha formado la corredera.
Allá fueron los bomberos con sus campanas, sus sirenas.
Allá fueron los bomberos con sus campanas, sus sirenas.
Ay mamá, ¿qué pasó ? Ay mamá, ¿qué pasó ?El cuarto de Tula, le cogió candela
Se quedó dormida y no apagó la vela.
¡Qué llamen a Ibrahim Ferrer, qué busquen los bomberos!
Que yo creo que Tula lo que quiere es que le apaguen el fuego.Ay, por ahí viene Eliades, en tremenda corredera.
Viene a observar el cuarto de Tula que ha cogido candela.Carlo y Marco están mirando este fuego
Si ahora no se apaga, se apaga luego.Puntillita ve y busca a Marco, pa que busque al Sierra Maestra.
Que vengan para acá rápido que la Tula, mira cogió candela.Ey Marcos, coge pronto el cubito y no te quede allá fuera.
Llénalo de agua y ven a apagar el cuarto de Tula que ha cogido candela.
Tula está encendida, ¡llama a los bomberos!
Tú eres candela, ¡afina los cueros !(dicho) Candela, muchacho
Se volvió loco, Barbarito. ¡Ay, qué interesante!Sergio Sabia
Un disque compact Worl Circuit, WCD 050 LC 2339.
Compay Segundo, Elíades Ochoa, Ibrahim Ferrer, Pío Leyva y Cachaíto, entre otros. Es Buena Vista Social Club, la última película de Wim Wenders, con las actuaciones más famosas de los reyes del son.
HABÍAN TRABAJADO JUNTOS en un par de ocasiones. Ry Cooder puso el sonido desolado de su guitarra a las imágenes de París, Texas en 1984. Trece años más tarde, Wim Wenders le llama de nuevo para la banda sonora de El fin de la violencia. En un estudio de Los Ángeles, el californiano, recién llegado de Cuba, le presta una cinta con las primeras mezclas de lo que iba a ser el disco Buena Vista Social Club. Nadie podía imaginar entonces el impacto posterior: millón y medio de ejemplares y un Grammy.
Cooder le llenó la cabeza. Fue contando a su amigo alemán historias sobre Compay Segundo, Rubén González e Ibrahim Ferrer. A Wenders todo aquello le pareció extraordinario. Y confiesa haber pasado meses escuchando las canciones que Ry Cooder se había traído de la isla. El guitarrista regresa a Cuba el año pasado con el fin de producir el disco del cantante Ibrahim Ferrer, y Wenders no se lo piensa. El director se entusiasmó con el son, las guarachas y los boleros de los cubanos.
La película está rodada en La Habana durante las sesiones de grabación del disco de Ibrahim Ferrer, y en los dos conciertos colectivos de Buena Vista Social Club en Amsterdam (teatro Carré, abril de 1998) y Nueva York (Carnegie Hall, julio de 1998).
Varias horas registradas se apretujan en los 100 minutos del montaje final. Y los ilustres viejitos se muestran unos consumados actores: enternecedor Ibrahim Ferrer, en su modesto apartamento habanero, mostrando el altar de San Lázaro y recordando a su mamá; entrañable Rubén González al comentar desde lo alto del Empire State lo pequeña que se ve la Estatua de la Libertad; divertido Pío Leyva, que mira escaparates en Times Square como un niño pequeño ante un árbol de navidad, emotiva Omara Portuondo, cuando deja escapar una lágrima tras cantar a dúo con Ibrahim el bolero Silencio: "Silencio, que están durmiendo los nardos y las azucenas, / no quiero que sepan mis penas / porque, si me ven llorando, / morirán...".
Blanco y negro, con una textura que recuerda a las viejas fotografías, para las imágenes de los conciertos, y color fuerte para los exteriores en La Habana. Cuando se estrenó en la Berlinale, el pasado mes de febrero, Ángel Fernández Santos escribió que, en la pantalla de Buena Vista Social Club, suenan, se mueven y la hacen reventar de vida auténticas leyendas cubanas vivientes. Y es que ahí están Compay Segundo, de 92 años; Rubén González, de 79; Ibrahim Ferrer, de 72; Pío Leyva, de 78; Cachaíto y El Guajiro Mirabal, de 67...
Para Cooder, "los ancianos poseen conocimientos de los que se puede aprender. Cuentan historias y no por motivos externos como la fama, el dinero o la codicia. Hay algo íntimamente relacionado con la vida". Por eso es importante haberlos filmado y grabado porque "un día ellos se irán, pero así seguirán aquí". Una de las últimas escenas muestra un cartel en una calle de La Habana: "Creemos en los sueños".
© Carlos Galilea, El País de las tentaciones, n° 132 26/11/1999.
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Le film de Wenders est disponible (mars 2000) en K7 vidéo et DVD. Chez votre fournisseur habituel ou sur le site de la FNAC : http://www.fnac.com
Música para los sentidos
Wim Wenders retrata a una generación olvidada de intérpretes cubanosEs la historia de un amor, de un flechazo. Ry Cooder (guitarrista, músico y autor de la mayoría de las bandas sonoras de Wenders) se encontró en Cuba con una joya intuida pero inesperada: un álbum titulado Buenavista Social Club, que ha vendido sólo en Estados Unidos más de un millón de copias. Inmediatamente se lo cuenta a Wenders, que, anonadado por lo que escucha, decide filmar la epopeya: rueda un concierto en Amsterdam, otro en Nueva York y, finalmente, aprovecha que el equipo de músicos está grabando el primer disco de Ibrahim Ferrer para volver al lugar de los hechos: los arcaicos estudios Egrem y la ciudad de La Habana.
En lugar de tristeza y muerte, Wenders se encuentra mucha vida entre las ruinas y la fuerza de su documental reside en que se limita a poner la cámara y molestar lo mínimo al personal (Cooder le echó más de una vez del estudio de grabación). El cineasta utilizó para el rodaje el vídeo digital, lo que significa cámaras muy pequeñas que no invaden en exceso la intimidad de los músicos y muchas horas de rodaje.
El documental resultante tiene intensos momentos de emoción, como la interpretación del bolero Silencio entre Omara Portuondo e Ibrahim Ferrer, y desternillantes comicidades protagonizadas por Pío Leyva, al que el director alemán no duda en comparar con Groucho Marx. La cinta destila una ternura inenarrable. ¡Ya era hora de que estrenaran la película y de que la gente pudiera sentir la magia de esta pandilla de venerables artistas con los que uno ha tenido la dicha de compartir conversaciones y disfrutar conciertos de ésos que te cambian la vida! La musicalidad de Compay Segundo, Cachaíto, Amadito Valdés, el despiste de Rubén González o los arreglos de Juan de Marcos. Como dijo Ignacio Piñeiro: «Música sublime para el alma divertir». Vivirán una experiencia desde su butaca. Buenavista ¡tremenda pista!
© José Manuel Gómez, Metrópoli / El Mundo